Laura, Argentina que residió durante
dos años en el país vecino, nos cuenta sus vivencias y el aprendizaje que le
dejo su paso por el mismo
Por
Silvina Rojas
Todos en algún momento de nuestras vidas fantaseamos con la idea de vivir en otro lugar, ya sea una provincia dentro del país donde residimos, hasta otro que no sea el nuestro. Muchas veces esa ilusión queda como un pensamiento o anhelo que nos gustaría poder concretarlo pero no tenemos la valentía de dejar nuestra vida, el lugar al que estamos acostumbrados, los círculos sociales en los que nos sentimos cómodos. Sin embargo no todos somos iguales, hay personas que se abren y se permiten la aventura de dejar todo y realizar ese sueño.
Este es el caso de Maria
Laura López, de 31 años, que a principio de 2006 (con apenas 21 años) decidió
alejarse de su familia, sus amistades, sus
estudios y su trabajo para probar suerte en Brasil, más precisamente en
Rio de Janeiro. La elección del lugar no fue al azar, ella viajo junto a su
pareja en ese momento, quien es de nacionalidad brasileña y su familia residía en el barrio
Barra da Tijuca. “Esta fue mi primera
experiencia viviendo en otro país, adaptarme por suerte fue algo fácil, desde
chica veraneaba con mi familia y siempre me gusto su gente, sus playas, su
cultura y su idioma en particular, motivo por el cual también decidí estudiar
portugués, que sin saberlo un tiempo después me ayudo al momento de tomar la
decisión. Así que sabía que con respecto al tema de poder sociabilizar y hacerme
entender con los demás no iba a tener ningún inconveniente”.
Una vez asentada se le
presento la necesidad de comenzar a trabajar, con el miedo y la incertidumbre
de saber si al ser extranjera la contratarían en algún lugar, salió en busca
del mismo: “Como te decía, haber
estudiado portugués me sirvió mucho en ese momento, comencé con la búsqueda y
por suerte encontré dentro de todo rápido, laburaba como recepcionista en un
salón de eventos infantiles, si bien el trabajo no estaba bien pago, me servía
para cubrir mis gastos básicos y eso ya esta bueno, me permitió relajarme en
cierto modo y sentirme un poco más confiada en que las cosas me estaban
saliendo bien, mas adelante iba a pensar como ganar más y aportar en la casa de
mi ex pareja”.
El comenzar a movilizarse por la ciudad hizo
también que se sintiera mas cómoda a la hora de manejarse sola, y fue en ese
momento donde comenzó a notar, culturalmente hablando, que la vida cotidiana
del brasilero está totalmente interpelada por esta, “Una de las cosas que más disfrute y disfruto cada vez que vuelvo es la
cultura que Brasil nos ofrece, la vas a encontrar desde los museos y los
diferentes monumentos como es el Cristo Redentor, hasta en las calles, los
bares con esa música característica, la playa misma. Hay mucho arte urbano que
se disfruta de una manera increíble. Supongo que todo me sorprendía también,
por ser una cultura diferente o simplemente porque al no tenerlo naturalizado,
me encantaba verlo y poder ser parte. Para ellos todo eso era algo común”.
Si hablamos de cosas que son características dentro
de esa cultura, cabe destacar a los míticos carnavales, sello indiscutido de
Rio de Janeiro. Estos se llevan a cabo
40 días antes de las pascuas y tiene una
duración de 4 días consecutivos, al respecto Laura comenta: “Tuve la suerte, gracias a un amigo de mi ex
novio, de poder estar en los talleres del Sambodromo, es algo increíble ver
todo el trabajo que la gente hace para esos días. Además de ser un espectáculo
para el público que va, es una competencia para los que participan, se dividen
en diferentes escuelas y hay jueces que las califican. Trabajan todo el año
para ese evento”. Otra de las costumbres a la que hizo referencia y de la
cual cuenta que quedó más que sorprendida fue el recibimiento del año nuevo: “recibir el comienzo de año en Brasil, en
general es algo especial, algo mítico creo yo, no solo es algo lindo para vivir
si vas como turista, cuando entendes que se hace desde la fe cobra un sentido
especial, es una costumbre que está envuelta en la esperanza de un buen y
prospero año nuevo, no hay horarios que cumplir como es habitual en Argentina y
todo es más relajado”.
Cabe destacar que el ritual que se realiza, tiene
que ver con ofrecer a Iemanjá (Diosa del Mar) flores, velas y regalos que se dejan en
las aguas de las playas por multitudes vestidas de blanco. Se dice que si la
ofrenda es llevada mar adentro por el movimiento de la marea, significa que
Iemanjá habrá aceptado la ofrenda y el año será bueno; caso contrario si la
ofrenda vuelve a la arena, pueda que el año nuevo no sea como lo esperado,
vestirse de blanco también tiene un significado, ya que es símbolo de paz y
armonía.
Luego de lo conversado, y de que Laura expresara
que su paso por el país vecino durante esos 2 años fue muy placentero, que
logro insertarse tanto en el plano social como laboral, surge la pregunta, ¿Cuál
fue la razón por la que decide volver, cuando las cosas parecían encaminarse?
Vale destacar que no dejó solamente un país, sino que también, una relación,
amistades, trabajo, al igual que cuando se fue de Argentina en busca de nuevos
horizontes. Con respecto a eso nos cuenta:
“la decisión de volver a mi país creo que fue más difícil que cuando decidí
irme, porque en ese momento estaba dejando una forma de vida que yo había
elegido. Pero terminar mis estudios (relaciones internacionales) para luego volver con un título que
permita aspirar a un mejor campo laburar, fue algo prioritario, al margen de
que extrañaba mucho a mi familia, en esos años nos vimos una sola vez, cuando
ellos fueron de vacaciones y eso peso mucho también”.
Las experiencias vividas a lo largo del
camino, como por ejemplo en el caso de Laura, quedan con nosotros siempre, los
recuerdos, las amistades, los amores, los lugares, la cultura, el arte, son
cosas, detalles, que nos traspasan y nos hacen más ricos como personas. Animarnos
a realizar esos sueños es algo que todos tendríamos que permitirnos en algún
momento.
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