viernes, 20 de mayo de 2016


En base al endeudamiento de $60 mil millones de pesos impulsado por la Gobernadora María Eugenia Vidal para invertir en un plan de infraestructura y por encontrar una provincia con “un gran déficit”, cabe comparar el accionar de algunos municipios a la hora de hacer frente a los grandes desembolsos y que ante la austeridad, siguen apostando al crecimiento urbano.


“El intendente Jorge Ferraresi inauguró el sábado 14 de Mayo un nuevo puente que cruza el Arroyo Sarandí, entre las calles Nicaragua y Carlos Gardel; a pocos metros de la cancha de Arsenal, en la ciudad de Avellaneda.”

La inversión que realice el estado en materia de obras e infraestructura públicas, es un hecho que siempre forma parte del interés de la ciudadanía, la clave se centra en las formas en las que este colosal desembolso de dinero se lleva adelante y en qué nivel de prioridad coyuntural del estado está situado: Si tiende a ser visto como una necesidad imperiosa o como un interés secundario.

En el caso de Buenos Aires, a fines del año 2015, la electa gobernadora María Eugenia Vidal anunciaba en el comienzo de su gestión que se encontraba ante una provincia plagada de desinversión y que acarreaba un “gran déficit degastos” desde la gestión anterior; su solución: pedir un empréstito al exterior por una suma cercana a los $90 mil millones de pesos.

El pedido de la ex Vice-Jefa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires fue repudiado por una minoría en el congreso y aprobado por unanimidad en la cámara de senadores, a mediados de Enero y tras obtener la media sanción en diputados. La particularidad del dictamen final radica en la baja del monto de deuda eximido: el número final acordado fue de $60 mil millones de pesos, un 34% menos de lo esperado por la bancada oficialista; a lo que a propósito, en la conferencia de prensa posterior al “triunfo”, la mandataria declaró: "El endeudamiento es para que se traduzca en obras. Lo vamos a hacer en conjunto con todos los intendentes".

En Mayo de este año, Vidal anunció junto con el presidente de la Nación, Mauricio Macri, el tan anunciado plan de inversión de obras relacionado al aparato hídrico, que ascendía a $200 mil millones de pesos y que beneficiaría a 100 mil personas con la generación de empleo. Para hacer frente a tremenda empresa, el jefe de estado se justificó con el aumento de los impuestos “… la Argentina, en una forma irresponsable de la gestión anterior, fue destruyendo la prestación de los servicios públicos porque no se invirtió y nosotros empezamos a corregir ese desfasaje a partir de recomponer el sistema tarifario apostando al proceso de inversión…".

La relación “Costo/ Beneficio” se antoja muy tensa en el ideario oficialista, que se dice y se desdice en torno al lugar prioritario a las inversiones realizadas para generar un cambio en la calidad de vida de los ciudadanos provinciales. El “sinceramiento” tarifario justificado por el cambio de las políticas administrativas y amparadas en la inversión en obra pública, tiende a ser insuficiente en la evaluación general ya que se fijó un gasto aproximado de $354 mil millones de pesos en el presupuesto 2016.

Es decir, que la generación de ingresos se asume insuficiente para hacer frente a grandes inversiones y eso se traduce en un gran recorte de presupuesto destinado a la repartición entre los 135 municipios que hacen a la provincia. Aquí el “achique” se traduce como austeridad y se asume la política de endeudamiento para satisfacer el “agujero deficitario” en la mejora de la vida de los vecinos; sin mencionar que se espera captar la atención de entes privados que se sumen a invertir en obras, a cambio de beneficios impositivos.

El accionar de algunos municipios

El caso del departamento de Avellaneda es ciertamente particular: En un marco de austeridad en materia de gastos, el intendente Jorge Ferraresi anunció a principios de 2016 la puesta en marcha del plan “Una obra por semana”, que ampara la inversión del presupuesto provincial en la realización de obras públicas que se consideren de primera necesidad para el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes.

El objetivo del proyecto es concretar un promedio de cuatro obras al mes y se centra particularmente en el mejoramiento, construcción o reacondicionamiento de establecimientos educativos, entes públicos, alumbrado, espacios verdes y obras que beneficien la circulación tanto de vehículos como de transeúntes.
Pero todas las inversiones tienen que realizarse con el dinero propio generado y obtenido por el municipio.


Recientemente, el sábado 14 de Mayo, ingeniero Ferraresi inauguró la que fue la última de estas obras pertenecientes al plan: Un puente de doble vía de circulación, emplazado sobre el arroyo Sarandí y que conecta las calles Nicaragua y Carlos Gardel. Requirió un desembolso de más de $14 millones de pesos y tiene como objetivo primordial conectar los barrios Santa Ana, La Saladita y Ceferino Namuncurá.
Según los vecinos consultados, esta obra era muy esperada por los moradores del lugar, ya que junto con la renovación de las luminarias y la puesta a punto de las calles aledañas, proveen un mejoramiento de las condiciones de circulación (se ahorrarán caminar 900 metros hasta el otro cruce), así como también mayor prosperidad para una zona del partido que se antoja como un sector socialmente vulnerable.

Este recinto, sumado a otros casos como pueden ser el de Lomas de Zamora o Berazategui (para citar ejemplos del sur del conurbano), es un claro espejo de una forma distinta de inversión que no se antoja en desmedro de sus habitantes (Así como Lanús o Quilmes son antítesis, incluso desde sus anteriores gestiones). Un partido de los tantos que esperaba verse beneficiado con los $10 mil millones de pesos que estaban estipulados repartir entre los municipios, de los ingresos obtenidos al contraer la deuda de la provincia, cuestión que hasta el día de hoy, se antoja inconclusa.


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