En
base al endeudamiento de $60 mil millones de pesos impulsado por la Gobernadora
María Eugenia Vidal para invertir en un plan de infraestructura y por encontrar
una provincia con “un gran déficit”, cabe comparar el accionar de algunos
municipios a la hora de hacer frente a los grandes desembolsos y que ante la
austeridad, siguen apostando al crecimiento urbano.
La inversión que realice el estado en materia de obras e infraestructura
públicas, es un hecho que siempre forma parte del interés de la ciudadanía, la
clave se centra en las formas en las que este colosal desembolso de dinero se
lleva adelante y en qué nivel de prioridad coyuntural del estado está situado:
Si tiende a ser visto como una necesidad imperiosa o como un interés
secundario.
En el caso de Buenos Aires, a fines del año 2015, la electa gobernadora
María Eugenia Vidal anunciaba en el comienzo de su gestión que se encontraba
ante una provincia plagada de desinversión y que acarreaba un “gran déficit degastos” desde la gestión anterior; su solución: pedir un empréstito al exterior
por una suma cercana a los $90 mil millones de pesos.
El pedido de la ex Vice-Jefa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires
fue repudiado por una minoría en el congreso y aprobado por unanimidad en la
cámara de senadores, a mediados de Enero y tras obtener la media sanción en
diputados. La particularidad del dictamen final radica en la baja del monto de
deuda eximido: el número final acordado fue de $60 mil millones de pesos, un
34% menos de lo esperado por la bancada oficialista; a lo que a propósito, en
la conferencia de prensa posterior al “triunfo”, la mandataria declaró: "El
endeudamiento es para que se traduzca en obras. Lo vamos a hacer en conjunto con
todos los intendentes".
En Mayo de este año, Vidal anunció junto con el presidente de la
Nación, Mauricio Macri, el tan anunciado plan de inversión de obras relacionado
al aparato hídrico, que ascendía a $200 mil millones de pesos y que
beneficiaría a 100 mil personas con la generación de empleo. Para hacer frente
a tremenda empresa, el jefe de estado se justificó con el aumento de los
impuestos “… la Argentina, en una forma irresponsable de la gestión anterior,
fue destruyendo la prestación de los servicios públicos porque no se invirtió y
nosotros empezamos a corregir ese desfasaje a partir de recomponer el sistema
tarifario apostando al proceso de inversión…".
La relación “Costo/ Beneficio” se antoja muy tensa en el ideario
oficialista, que se dice y se desdice en torno al lugar prioritario a las
inversiones realizadas para generar un cambio en la calidad de vida de los
ciudadanos provinciales. El “sinceramiento” tarifario justificado por el cambio
de las políticas administrativas y amparadas en la inversión en obra pública,
tiende a ser insuficiente en la evaluación general ya que se fijó un gasto
aproximado de $354 mil millones de pesos en el presupuesto 2016.
Es decir, que la generación de ingresos se asume insuficiente
para hacer frente a grandes inversiones y eso se traduce en un gran recorte de
presupuesto destinado a la repartición entre los 135 municipios que hacen a la
provincia. Aquí el “achique” se traduce como austeridad y se asume la política
de endeudamiento para satisfacer el “agujero deficitario” en la mejora de la
vida de los vecinos; sin mencionar que se espera captar la atención de entes
privados que se sumen a invertir en obras, a cambio de beneficios impositivos.
El
accionar de algunos municipios
El caso del departamento de Avellaneda es ciertamente
particular: En un marco de austeridad en materia de gastos, el intendente Jorge
Ferraresi anunció a principios de 2016 la puesta en marcha del plan “Una obra
por semana”, que ampara la inversión del presupuesto provincial en la
realización de obras públicas que se consideren de primera necesidad para el
mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes.
El objetivo del proyecto es concretar un promedio de cuatro
obras al mes y se centra particularmente en el mejoramiento, construcción o
reacondicionamiento de establecimientos educativos, entes públicos, alumbrado,
espacios verdes y obras que beneficien la circulación tanto de vehículos como
de transeúntes.
Pero todas las inversiones tienen que realizarse con el dinero
propio generado y obtenido por el municipio.
Recientemente, el sábado 14 de Mayo, ingeniero Ferraresi
inauguró la que fue la última de estas obras pertenecientes al plan: Un puente
de doble vía de circulación, emplazado sobre el arroyo Sarandí y que conecta
las calles Nicaragua y Carlos Gardel. Requirió un desembolso de más de $14
millones de pesos y tiene como objetivo primordial conectar los barrios Santa Ana, La Saladita y Ceferino Namuncurá.
Según los vecinos consultados, esta obra era muy esperada por
los moradores del lugar, ya que junto con la renovación de las luminarias y la
puesta a punto de las calles aledañas, proveen un mejoramiento de las
condiciones de circulación (se ahorrarán caminar 900 metros hasta el otro cruce),
así como también mayor prosperidad para una zona del partido que se antoja como
un sector socialmente vulnerable.
Este recinto, sumado a otros casos como pueden ser el de Lomas
de Zamora o Berazategui (para citar ejemplos del sur del conurbano), es un
claro espejo de una forma distinta de inversión que no se antoja en desmedro de
sus habitantes (Así como Lanús o Quilmes son antítesis, incluso desde sus
anteriores gestiones). Un partido de los tantos que esperaba verse beneficiado
con los $10 mil millones de pesos que estaban estipulados repartir entre los
municipios, de los ingresos obtenidos al contraer la deuda de la provincia,
cuestión que hasta el día de hoy, se antoja inconclusa.


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